Terapia de Pareja, ¿si o no?.
Señales que me indican que puede ser momento de acudir a un psicólogo.
RELATIONSHIPS
5/14/20254 min read


Terapia de pareja: ¿cuándo es momento de pedir ayuda?
Muchas parejas llegan a terapia preguntándose lo mismo: “¿Esto que nos pasa es normal?” o “¿Estamos exagerando al pensar en hacer terapia?”.
La realidad es que no hace falta esperar a que la relación esté completamente rota para consultar. De hecho, muchas veces la terapia puede ser más útil cuando todavía existe cierta capacidad de escucharse, pero la pareja empieza a notar que hay situaciones que se repiten y que ya no sabe cómo resolverlas.
Tener conflictos no significa necesariamente que una relación esté mal. Todas las parejas atraviesan desacuerdos, momentos de distancia y períodos de mayor tensión. El problema aparece cuando esos conflictos empiezan a repetirse siempre de la misma manera, generan heridas que no logran repararse o van ocupando cada vez más espacio en el vínculo.
Una de las señales más frecuentes es sentir que ya no pueden hablar sin terminar discutiendo. Quizás uno intenta explicar lo que le pasa y el otro escucha una crítica. Uno reclama porque necesita cercanía y el otro se aleja porque se siente atacado. Al poco tiempo, ambos terminan diciendo cosas que probablemente no querían decir y sintiéndose todavía más lejos.
John Gottman, uno de los investigadores más importantes en el estudio de las relaciones de pareja, observó durante décadas cómo interactúan las parejas y encontró ciertos patrones que suelen deteriorar los vínculos cuando se vuelven habituales: la crítica constante, el desprecio, la actitud defensiva y retirarse completamente de la interacción durante los conflictos.
Esto no significa que una discusión determine el futuro de una pareja. Lo importante es qué sucede después. ¿Pueden reparar? ¿Pueden reconocer que lastimaron al otro? ¿Pueden volver a acercarse? ¿O cada conflicto se convierte en una nueva prueba de que “nunca me entiende”, “no le importo” o “no se puede hablar”?
Otra señal aparece cuando las mismas discusiones vuelven una y otra vez. Cambia el tema, pero la sensación es parecida. Puede ser la plata, las tareas de la casa, la familia, el sexo, los horarios o el uso del celular. Muchas veces el contenido visible de la pelea no explica por completo lo que está pasando.
Sue Johnson, creadora de la Terapia Focalizada en las Emociones, propone mirar qué necesidad existe debajo del conflicto. Detrás de un reclamo aparentemente cotidiano pueden estar apareciendo preguntas mucho más profundas: “¿Puedo contar con vos?”, “¿Soy importante para vos?”, “¿Me ves?”, “¿Vas a estar cuando te necesite?”.
Por eso no siempre alcanza con aprender a “discutir mejor”. A veces también necesitamos entender qué estamos intentando decir cuando discutimos.
También puede ser momento de consultar cuando aparece una distancia emocional que se mantiene en el tiempo. No necesariamente existen grandes peleas. Algunas parejas dejan de discutir porque, sencillamente, dejaron de intentar encontrarse. Hablan de las compras, de los hijos, del trabajo o de lo que hay que hacer durante la semana, pero cada vez menos de lo que sienten.
Pueden convivir, organizarse perfectamente y, sin embargo, sentirse solos dentro de la relación.
Algo parecido puede suceder con la intimidad. El deseo sexual cambia a lo largo de una relación y puede atravesar períodos de mayor o menor intensidad. Eso no es necesariamente un problema. Pero cuando la distancia sexual viene acompañada de rechazo, resentimiento, dificultad para hablar del tema o una sensación persistente de desconexión, puede ser importante poder explorarlo sin convertirlo automáticamente en una cuestión de culpa.
Las crisis vitales también pueden poner en tensión vínculos que hasta ese momento funcionaban bien. La llegada de un hijo, una mudanza, una enfermedad, problemas económicos, cambios laborales, duelos o una infidelidad pueden modificar profundamente la dinámica de una pareja.
En esos momentos es común que ambos estén atravesando la misma situación de maneras muy diferentes. Uno puede necesitar hablar constantemente mientras el otro necesita silencio. Uno busca apoyo mientras el otro está intentando simplemente mantenerse en pie. Y esas diferencias pueden empezar a interpretarse como falta de amor o falta de interés cuando, en realidad, cada uno está tratando de afrontar la situación como puede.
También hay parejas que llegan a terapia porque empiezan a preguntarse si siguen queriendo las mismas cosas. Tener proyectos diferentes no necesariamente implica separarse, pero sí requiere poder hablar de ellos con suficiente honestidad. Dónde vivir, tener o no tener hijos, cómo manejar el dinero, qué lugar ocupa el trabajo, qué entendemos por compromiso o cómo imaginamos los próximos años son conversaciones que a veces se postergan por miedo a descubrir diferencias importantes.
La terapia puede ofrecer un espacio para tener esas conversaciones con más claridad.
Ahora bien, hacer terapia de pareja no garantiza que la relación vaya a continuar. Tampoco debería ser ese el único objetivo.
A veces una pareja consulta para reconstruir el vínculo. Otras veces necesita entender qué pasó antes de decidir si quiere seguir. Y en algunas situaciones la terapia puede ayudar a acompañar una separación de una manera menos dañina.
También es importante aclarar que no todas las situaciones de pareja se trabajan de la misma forma. Cuando existe violencia, miedo, coerción, amenazas o control, la prioridad no debería ser simplemente “mejorar la comunicación”. Es necesario evaluar la seguridad de quienes están involucrados y determinar qué tipo de intervención es adecuada.
Entonces, ¿cuándo es momento de pedir ayuda?
Quizás cuando sentís que siguen queriéndose, pero ya no saben cómo encontrarse. Cuando hablar siempre termina igual. Cuando los conflictos no se resuelven sino que se acumulan. Cuando apareció una distancia que ninguno sabe cómo acortar. Cuando ocurrió algo que cambió la confianza. O simplemente cuando ambos sienten que algo importante se está perdiendo y no quieren seguir esperando a que empeore.
No hace falta estar al borde de una separación para hacer terapia de pareja.
A veces consultar significa justamente detenerse antes.
Mirar qué está pasando.
Entender el ciclo en el que quedaron atrapados.
Y preguntarse, con un poco más de honestidad:
¿Todavía queremos construir algo juntos?
Si la respuesta no está del todo clara, quizás esa también sea una buena razón para empezar a hablar.
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Romina S. Gambino, Psicóloga. M.N: 89.336
